Distintos tipos de suelo: Gres, madera y tarima flotante
Gres
El suelo de gres está compuesto de una base cerámica de
pasta roja o blanca sobre la que se hace el diseño de la baldosa. El esmalte
consigue darle una aparencia distinguida y elegante. En el mercado existen
muchos diseños adaptados a todos los gustos y los bolsillos: desde 7 hasta 30
euros por metro cuadrado. El gres porcelánico es una nueva variedad de este tipo
de suelo que se distingue del gres tradicional en que no está compuesto de dos
materiales (pasta y esmalte), sino que sólo tiene un material, natural o pulido,
que es más resistente a la abrasión y al rayado. En este caso, el precio alcanza
aproximadamente los 20 euros por metro cuadrado.
Los suelos de madera
Este tipo de suelo es, por su calidez y belleza, uno de los más
frecuentes en las casas españolas, sin embargo, es más complicado en su
instalación, requiere cuidados frecuentes y suele ser más caro que la cerámica.
Por otra parte, la madera tiene en la durabilidad una gran ventaja, así como su
capacidad aislante.
El parquet es el suelo de madera por excelencia. Está formado por láminas de madera que hay que pegar directamente al cemento del suelo (bien nivelado) con cola de carpintero. La dificultad en su instalación hace que el parquet esté dejando de ser utilizado: necesita que la casa esté completamente vacía para alisar el pavimento, pegar las tablillas y barnizarlo. Además, el fuerte olor del barniz hace que sea nocivo recién aplicado a la madera, así que hay que pasar unos días fuera de la casa.
El parquet, como otros suelos de madera, requiere cuidados especiales. Si el suelo tiene que aguantar mucho trasiego habrá que lijarlo y barnizarlo cada cinco años. Todo depende de lo perjudicado que esté, ya que hay hogares que con un lijado cada ocho años tienen suficiente.
Tarima flotante
A diferencia del parquet, su
instalación es menos complicada ya que la madera no se pone sobre el pavimento
directamente sino que las tablas de madera se pegan entre sí, de ahí el nombre
de tarima flotante. Para mayor comodidad, existen fabricantes que venden tarimas
cuyas piezas se acoplan unas a otras como un puzzle, sin necesidad de cola.
Cuando se quiere poner tarima flotante hay que contemplar el
número de lamas, es decir, el número de tablas pequeñas (tres, dos o una) que
forman las tablas de la tarima. Lo más corriente es utilizar tablas de dos o
tres lamas ya que cuanto más ancha sea la lama, más cara cuesta. No hay que
olvidar que la madera es un produdcto natural y que las piezas grandes son más
costosas.
Además, hay que elegir el tipo de madera: las más comunes, como el roble, el haya, o el cerezo son más económicas que las tropicales, que tienen mayor resistencia a la humedad. También se puede elegir el abedul, el fresno... todo depende del tono y color que la madera ofrezca a la casa. También existe la posibilidad de incorporar láminas más gruesas, de madera maciza, más cara, pero mucho más duradera, porque permite mayor número de lijados.
Las tablas de tarima ya vienen barnizadas de fábrica, lo que supone una ventaja más, ya que en un día se puede colocar. El acabado puede variar: satinado brillo, barnizado, encerado o biselado, o mate. Cuantas más capas de barniz tenga la madera, más calidad tendrá.

