El recibidor
Al cruzar la puerta de la casa, se llega a un espacio común que ordena el acceso a las distintas partes de la misma: el recibidor. Esta parte del hogar puede comunicar con el salón, el comedor, la zona de servicio y el paso a los dormitorios. Según el tipo de vivienda, tendrá mayor o menor protagonismo.
Esta zona de paso cumple algunas funciones importantes, como recoger la correspondencia, las llaves, los abrigos, los paraguas, los bolsos y, a veces, incluso los zapatos. Todos aquellos accesorios que se necesitan para desenvolverse fuera de la casa, pero de los que es preciso despojarse al llegar a ella para entrar con libertad al área privada.
Si el vestíbulo atrapa al visitante, el resto de la casa le parecerá hermosa y acogedora, por esta razón su estilo debe estar bien meditado. Su tamaño debe equilibrarse con el del resto de la vivienda. Así si la casa es pequeña, es recomendable que el recibidor transmita sensación de amplitud; por el contrario, si la casa es grande, debe ser acogedor. El estilo de esta estancia tiene que ser lleno de detalles, pero no recargado.
Un espacio reducido
Muchas veces, sólo se cuenta con
poco más de un metro cuadrado para el recibidor. Por tanto, es una tarea díficil
intentar ganar espacio allí donde no existe. La solución idónea es conseguirlo a
través de la combinación de efectos ópticos y psicológicos, ya sea con la
instalación de un espejo, con el color o con la textura de las paredes.
Los colores fríos por asociación con el agua son el azul, el violeta y el verde. En saturaciones débiles expresan delicadeza, frescura, infinitud y expansión. Tienen el poder de distanciar, mientras que los cálidos atraen. Por eso, para una estancia pequeña se utiliza la técnica de pintarla con un tono frío único, siempre en matices claros, para conseguir así el efecto de agrandarla visualmente. Otro clásico para lograr este efecto es el blanco, también utilizado en puertas y rodapiés.
El distribuidor en un piso suele carecer de luz natural propia, por lo que es un recurso habitual colocar cristales en la puerta del salón, comedor, para recibir iluminación indirecta. La máxima claridad proviene de pintar el cielorraso de blanco, con una capacidad de reflexión del 60% de la luz recibida. Es bueno que éste no supere los 2,5 metros de altura, ya que un techo excesivamente alto empequeñece todavía más un espacio pequeño. Un recurso eficaz es bajarlo con placas de escayola.
Si no se dispone de un espacio en la
casa para tener un recibidor independiente, se puede robar al salón algo de
intimidad con un biombo o un mueble de doble uso, que por ejemplo sea
armario por un lado y estantería por otro. Si se quiere que el recibidor tenga
luz natural, uno de los tabiques puedes hacerlo de pavés, o con una celosía que
combine madera y cristal traslúcido. De esta forma, el recibidor tendrá una
entrada de luz, pero se mantienen separadas las estancias.
Al ser una zona de paso, es suficiente con una luz indirecta que le de cierto encanto. Aquí, y en todas las zonas de paso en general, sí se pueden utilizar halógenos ya que, aunque su iluminación no es la más adecuada por crear zonas de sombra, sí dan a recibidores y pasillos una iluminación general suficiente.



