Mini manual de Feng Shui (Capítulo 2)
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¿Hay algún espejo junto a tu cama?
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¿Adornas con flores tu mesilla de noche?
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¿Duermes con tu pareja en una cama doble con colchones independientes?
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¿Tienes un aparato de televisión frente a la cama?
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¿En tu armario no cabe ni una prenda más?
Si has contestado que sí a cualquiera de estas preguntas, tu dormitorio no respeta las normas fundamentales para ser un lugar de auténtico descanso y sueño reparador.
El dormitorio es uno de los lugares fundamentales en nuestra vida. Es el espacio del sueño, del descanso, de la reflexión, de la convivencia y, cómo no, del sexo. Un territorio íntimo que compartimos con nuestra pareja o en el que refugiamos nuestra soledad. Por eso es uno de los lugares donde más debemos cuidar la armonía y el equilibrio. Un dormitorio con un buen Feng Shui nos permitirá despertarnos mucho más descansados, en paz con nosotros mismos y, sobre todo, con vitalismo suficiente para afrontar el nuevo día.
La cama es el mueble que debe gobernar el dormitorio. Todo tiene que disponerse en torno a ella, guardando las proporciones y distancias justas. En primer lugar, a la hora de orientar el cabecero hay que tener en cuenta que aquello que veamos desde la cama será siempre lo último y lo primero que retengamos en nuestra retina. Cuanto más caótica sea esa imagen, de menor calidad será nuestro descanso. Cuanta más armónica sea esa percepción, mayor placidez nos ofrecerá.

